Hoy queremos contaros de manera muy rápida un experimento que hace poco nos enseñaron, y que va mucho más allá del juego en sí. Se trata del experimento de los dedos entrelazados. ¡Sigue los pasos!

Primero: estira los brazos, con las palmas hacia dentro. Junta las manos entrelazando los dedos. Con los codos estirados. Sí, como si quisieras hacer una bola con ambas manos, como si quisieras aferrarte con una extremidad a la otra.

Segundo: Sin ensayar o hacer pruebas, y repetimos, sin ensayar o hacer pruebas, suelta las manos rápidamente, abre los brazos como si fueras a aplaudir, y vuelve a la posición de antes.

Tercero: ¿Qué dedo, de los dos pulgares, ha quedado casi siempre encima del otro? ¿Cuál es el que cierra la pelota?

Cuarto: Repite cinco o seis veces cerrando los dedos cada vez: sería chocar las palmas entrelazando los dedos cada vez. Fíjate cada vez qué pulgar queda arriba, qué pulgar pisa al otro.

Quinto: Ha quedado el mismo dedo siempre o casi siempre encima, ¿verdad? Es lo habitual . . . Si eres de los que cada vez ha dejado un dedo arriba eres un caso extraordinario (o es tu día de suerte).

Sexto: Si eres como el 99% de la gente, es decir, que sin darte cuenta has dejado siempre el mismo dedo arriba, trata de, repitiendo el ejercicio de separar las manos y juntarlas rápido entrelazándolas, cambiar el dedo que queda arriba cada vez.

En otras palabras: intenta engañar a tus hemisferios cerebrales.

Séptimo: ¿Lo has conseguido? Quizá no . . . o tal vez sí, ¡pero con mucho esfuerzo!, ¿verdad?

Cuesta mucho innovar y dejar la senda de siempre por una nueva. Los humanos tendemos al inmovilismo, a quedarnos en la zona de confort, a mantener nuestras costumbres . . . ¿es más cómodo un zapato nuevo o uno ya muy usado?

¡Debemos esforzarnos para que esas costumbres sean

las mejores posibles

desde el principio!