En Septiembre de 2013 Nokia anunció en una rueda de prensa que la compañía que durante años había sido la número uno en el campo de la telefonía móvil, la marca emblema de los aparatos cada vez más pequeños y ligeros con los que poder comunicarnos . . .

(todos recordáis esto, ¿verdad?)

. . . había sido adquirida por Microsoft. En aquel acto el CEO de Nokia, Stephen Elop, terminó su discurso con las palabras que encabezan el título de este post:

“We didn’t do anything wrong, but somehow, we lost . . . “

Acto seguido, todo su equipo directivo presente en el acto, incluido él mismo, lloraron amargamente delante de las cámaras.

Nokia nació en 1865 (sí, está bien escrito, hace más de 150 años) pero fue en la década de 1980 cuando su auge como fabricante de terminales móviles la hizo ser conocida por todos nosotros. Fue sido una empresa respetable y rentable (muy rentable) durante años. Encabezaron sistemáticamente las listas de terminales más vendidos, diseñaban las tendencias que otros fabricantes trataban de imitar y hacían las delicias de los que podían permitirse tener el último modelo disponible.

Pero a partir de 2008 la tendencia cambió. Un Apple diminuto y un Samsung todavía más pequeño orientaban sus curvas de crecimiento hacia arriba mientras Nokia caía imparablemente. Sus oponentes eran demasiado poderosos, cambiaban demasiado rápido, se adaptaban demasiado bien a las nuevas tendencias . . .  y los de Elop no hicieron nada mal en su negocio, pero sin embargo podemos decir que descuidaron el aprendizaje, se perdieron en el cambio, y por lo tanto, perdieron la oportunidad de seguir en la cabeza. Y tal fue su incapacidad para adaptarse, sentir el alma del mercado, tomar el pulso a la realidad del momento, que no sólo perdieron la oportunidad de ganar muchísimo dinero, sino que perdieron toda posibilidad de sobrevivir.

No olvidemos los siguientes puntos que resumen la historia que hemos citado:

1. La ventaja que tenemos hoy será reemplazada por las tendencias del mañana si no estamos atentos y somos flexibles.

2. Cambiar y mejorar es algo que debe hacerse desde dentro, como una reinvención, pero jamás forzado por el entorno: así nunca llevaremos la delantera.

3. Aquellos que se niegan a aprender y mejorar, inevitablemente se vuelven redundantes y faltos de interés para el mercado.

          La posición continuada en la cumbre no está asegurada para nadie. Las personas (y las empresas) deben aprender y nutrirse de nuevas ideas para reinventarse, para mantenerse en la cabeza. El Mundo cambia demasiado rápido . . .